@SarchenPerales ya no es un huevo

Perfil @SarchenPerales Twitter

29 de septiembre y, como ya os prometí, a día de hoy Perales debía tener ya una imagen en su perfil de Twitter, algo que le permitiera dejar de ser un huevo, un ser anónimo y falto de personalidad ignorado por la comunidad cibernética. Aquí tenéis el avatar que lo acompañará allí donde se pronuncie de hoy en adelante.

Os anuncio que mañana os pediré consejo sobre algo muy importante en cualquier libro, puesto que es la imagen que lo representa, su «cara», lo primero que verá el posible lector antes de hacerse con él. Es lunes, pero apuesto a que aun así habréis «adivinado» de qué os estoy hablando. ¡Buena semana!

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@SarchenPerales: Perales no quiere ser un huevo

huevo PeralesPerales se nos ha modernizado y se ha abierto una cuenta en Twitter. A sus años. No estoy muy segura de que acabe de aclararse ni de si será capaz de adaptarse al ritmo frenético de los tweets yendo y viniendo, pasando junto a él a toda velocidad. No seré yo quien le diga que Internet no es para él, que ya sabéis cómo las gasta (bueno, en realidad, no; la que sí lo sabe soy yo: tiene un humor tremendo, sobre todo si llueve).

En fin, que se ha lanzado a esto de las redes sociales; @SarchenPerales ya es un twittero más. Sólo hay un problema: es un huevo. Todos sabemos que a un huevo nadie le hace ni puñetero caso. Los huevos son los don nadie del ciberespacio avícola. La purria de los moradores de Internet. Y a Perales no le gusta que no le hagan caso. Perales no quiere ser un huevo. La cosa es, ¿qué puede usar el sergent como imagen de perfil?

Es un asunto de vital importancia; en ningún caso puede tardar más de una semana en poner un avatar en condiciones en su perfil. Os animo a compensar con vuestra creatividad su falta de imaginación (y de habilidad ante su ordenador): el 26 de septiembre Perales tendrá una imagen de perfil, no sé cuál, pero la tendrá. La elegirá él mismo entre todas las que le mandéis con el hashtag #Peralesnoesunhuevo. Y él mismo será el encargado de agradecérselo al ganador con un ejemplar de la novela, todavía inédita, en formato electrónico (mobi o epub, el que éste prefiera). Y dedicada por él mismo, cosa que, conociéndolo, dudo mucho que vuelva a suceder.

Podéis participar hasta el 25 de septiembre vía Facebook, Twitter o por correo electrónico (lasultimaspalabras@gmail.com) y recordad usar el hashtag #Peralesnoesunhuevo para que pueda encontrar vuestras propuestas. Aprovechad, que el sergent no es muy dado a este tipo de concesiones y lo mío me ha costado convencerlo (eso sí, no respondo si llueve el día que dedique el libro; la dedicatoria es cosa suya y del pie con que se levante). ¡Ah! Lo olvidaba: me ha hecho prometer que mostraría su timeline de Twitter en este blog; lo encontraréis debajo del mío (aunque ése es un dato que he preferido no darle todavía).

Personajes: Sergent Perales

personajesPerales

Ya conocéis a Joan, nuestro desmejorado e inquieto cadáver. Ha llegado el momento de presentaros a Perales, el poli al que nuestro fiambre desmemoriado se va a pegar como una lapa para saber toda la verdad sobre su muerte y todo lo que la rodea, quién es esa gente tan rara que parece estar relacionada con ella y, sobre todo, en qué clase de fregao se ha metido el pobre chico para acabar muriendo así.

El sergent (sarchén, según él mismo se anuncia) ronda la sesentena y, tras muchos años de calentar silla haciendo papeleo en la Policía Nacional, se ha animado y se ha pasado a los Mossos tras su campaña de reclutamiento entre los otros cuerpos de seguridad del Estado. Adrenalina. Emoción. Una patada a la rutina y, con ella, al poder sentarse a comer tranquilamente con la certeza de que nada ni nadie le va a impedir terminarse el plato. Aunque no es ésa la única cosa que puede sacar a Perales de quicio.

El sergent arrugó la frente e hizo un esfuerzo para controlar el mal humor que Manolo había percibido. Volvía a estar en el punto de partida de la investigación, no tenía mucha fe en la teoría de Magda y encima llovía. Por la cara que puso Perales nada más asomarse a la ventana aquella mañana vi bastante claro que, como a mí, el tiempo hacía bailar su humor como le venía en gana. Si las condiciones meteorológicas nos afectaban a los dos de la misma manera, podía asegurar que, como yo, el sergent detestaba los días de lluvia; sacaban lo peor de él y, lo que aún ayudaba más a que ello sucediera, los demás parecían reaccionar de la misma manera al mal tiempo, cosa que hacía que el mundo entrara en una espiral de mala leche que se retroalimentaba de sus propias consecuencias. Aunque yo aún no lo sabía, el mundo mojado hacía aflorar en él a Mr. Almansa, su Mr. Hyde particular, heredado por vía materna, ya que la abuela de sus hijos tenía un carácter más bien agrio tirando a amargo.

En mi próxima entrada compartiré con vosotros el primer capítulo de la novela, muy cortito, que marca el punto de partida del caso que ocupa a nuestro sarchén pero que no desvela absolutamente nada de la trama. ¡Hasta muy prontito!

Personajes: Joan y sus circunstancias

personajes Joan #laspesquisas

Bueno, os prometí material y aquí llega la primera entrega. Bajo estas líneas tenéis el breve prefacio de la novela, en el que Joan, el prota, os da una avanzadilla sobre él mismo y lo que lo llevó a meterse a detective espectral, dando así más acción a su muerte de la que tuvo en su vida entera.

Como podéis intuir por lo que nos dice, es un personaje, ¿cómo lo diría?, peculiar, supongo, para no entrar en términos peyorativos, que una, después de pasar tanto tiempo con él, le ha cogido cariño. No es mal chico. Un poco tontín, vale. Asocial, también… raro, vamos, ¿para qué vamos a andarnos con tonterías? Joan es un tío raro, pero hay que quererlo como es, por muy raro que sea y muy muerto que esté, que él también tiene su corazoncito (o lo tuvo, hasta que la forense lo despanzurró y lo puso en una bandejita).

Os contaré más cosas sobre él y sus andanzas en el mundo de los vivos. De momento espero que sus primeras palabras os permitan empezar a conocerlo, aunque sólo sea un poquito.

Dicen que cuando te mueres toda tu vida pasa por delante de tus ojos como una película. Doy fe. Reviví mis mejores momentos de la infancia: vacaciones, cumpleaños, Reyes… y también los más duros, como la primera vez que me caí de la bici, a lo grande, o las burlas de mis compañeros de clase. La soberana hostia con la que Margarita correspondió a mi intento de levantarle la falda, mi acné, mis gafas y mis aparatos metálicos en los dientes en plena adolescencia. El final del instituto, la llegada a la universidad, los baldíos intentos de atraer a algún ser del sexo opuesto, la orla y, de repente, una luz blanca que me succionaba y todo lo invadía hasta el punto de velar la última parte de la película, puesto que tengo una laguna de dimensiones considerables que me impide recordar los últimos días de mi vida.

Si alguna vez os veis en esta situación seguramente también os pique la curiosidad. Os puedo decir que, sin bien al principio estás un poco cabreado por el cambio de barrio, la muerte se hace mucho más llevadera tras saber cómo y por qué has ido a dar en ella con tus huesos.